El petróleo: una crónica del subsuelo

¿Es en verdad el agotamiento del petróleo una amenaza para el desarrollo humano? Hacemos la pregunta aun a sabiendas de que nos quedan décadas de suministro del denominado oro negro pero desde luego llegará ese día en el cual el subsuelo se vea incapaz de saciar nuestras pretensiones de combustible al  haber aportado a la  dinámica global su última gota disponible.

Las hay voces agoreras adictas al pesimismo prolijas en pronósticos para nada afortunados, las suyas no son más que el eco de una desdicha tras otra, para éstas nuestra dependencia del petróleo sumirá a la especie en un colapso, el día que, desde las pantallas y diarios para ese entonces todos virtuales, se nos anuncie que el planeta ha agotado ya todas las reservas de fuentes energéticas fósiles.  Sin embargo basta dar un vistazo incluso somero al devenir del hombre y sus pasos, erráticos y ciertos, de la nada al caos y de este a la civilización escribiendo en cada acto su historia para percatarnos de que nuestro andar es un relato de supervivencia, ninguna otra especie ha logrado sobreponerse a las amenazas  de su existir tal como lo ha hecho el homo sapiens, las cucarachas por ejemplo, pueden sobrevivir a los efectos de un ataque nuclear más sin embargo son incapaces de reconocer en ellas tal hazaña, el ser humano es mortal al ser capaz de reconocer en si la finitud individual de cada ser en estos terrenales previos y, quizás la certeza de la muerte en términos individuales es lo que le lleva a procurar soluciones, garantías de la perseverancia de la especie.

petroleo

No ha podido el planeta con los cambios traídos consigo de cada era geológica darle fin a la novela del hombre, quizás porque a pesar de nuestro mal trato a esa misma naturaleza que nos provee de vida, no muy en el fondo le divierta cada capítulo llevado a cabo y escrito entre cuevas, mares y tierras, podría ser que esta esfera que nos contiene reconozca para sus adentros que sin nosotros su propia existencia sería muy aburrida.  

Pero no sólo ha logrado el hombre mantenerse ante todo tipo de evento catastrófico proveniente de los malestares de nuestra madre tierra, pues ante la estupidez más humana, aquella que nos mantuvo en vilo ante la amenaza de una confrontación bélica con bombas nucleares, el hecho mismo de que hoy nos encontremos redactando estas líneas es prueba de cómo hemos logrado sobrevivir, este presente es el futuro que muchos temieron no llegaría, en efecto a muchos de ellos no les llegó pues murieron antes del desenlace.   

Ferdinand Porsche, uno de los más grandes ingenieros automotrices del siglo XX inventó el primer automóvil híbrido (eléctrico-gasolina), murió en 1951 pero, dejó claro uno de los caminos a seguir para cortar nuestra dependencia del petróleo como fuente energética y con ello seguir escribiendo nuestra historia colectiva como especie, Porsche apuntó hacia la electricidad como la llave que conduciría a nuestros vehículos por un camino más estable y con ello hacer más viable el tránsito del ser humano y su evolución técnica. En estos días, hemos leído para nuestro agrado que el gigante automotriz Toyota se presta a lanzar un carro cuyo sustento energético no es más que una pila de hidrogeno, le llamaron Mirai que en japonés significa futuro, a lo mejor a sabiendas de que habrá más historias por escribir luego de la última gota de petróleo. Para entonces podrán descansar en paz  todos los cementerios de yacimientos fósiles convertidos en pozos petroleros sacrificados para mantener la vida de otra especie que, desde hace unas cuantas décadas, es consciente de que “aquello” no será para siempre, ensayando desde ya su largo adiós a la dependencia del subsuelo para continuar así su vida por otras sendas.   

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