La privacidad al asecho

privacidadenredessocialesTal vez Julian Assange y Edward Snowden pasen a la posteridad al poner en la palestra el espionaje no ya como el simple acto de estar atentos a las vidas de los demás, sino como algo implícito a la noción misma de Gobierno y Estado. Esta polémica toca un área muy humana: nuestra privacidad, pues cuando nos dimos cuenta de los cables de wikileaks, muchos pensamos que dicha práctica solo impactaba a altos jerarcas de gobiernos dada la importancia de sus cargos y posiciones, entonces nos cayó el escándalo Snowden, solo para demostrarnos que ya todos sin importar rango, raza o creencia, estábamos a la vista del gran hermano, en este caso el mismo no era otro que la NSA, agencia de inteligencia gubernamental. Un Estado ejerce en formas diversas poder sobre la población civil, coarta la libertad en aras de hacer posible la convivencia en sociedad pues ¿sería acaso posible la civilización si el hombre no conociera límite a todas sus fuerzas? Dicho límite lo aporta el Estado. Sin embargo la privacidad de cada hombre y mujer era algo a mantener incólume, el Estado mismo pregonaba en público que la misma habría de ser respetada hasta llegar incluso a autoproclamarse garante de la misma.

Muchos se sienten espiados, pero muchos más aun, espían a sus amigos, conocidos y familiares a través de las redes sociales. Los organismos de seguridad de las grandes naciones nos espían, las grandes corporaciones se venden entre si nuestros datos personales y, nosotros mismos nos espiamos a través de Facebook y otras celebres plataformas virtuales de la era 2.0 llegando a construir un universo voyerista sin parangón alguno. En toda esta dinámica la privacidad juega un papel de importancia suma, la misma se está redefiniendo: ya no es eso que pertenece exclusivamente a tu esfera personal, sino un fragmento de tu intimidad que en forma alegre estas dispuesto a compartir con los demás.
La privacidad va ligada a la libertad y en la medida que cedemos en la primera vamos perdiendo cuota en la segunda, los Estados exigen cada vez más incursión en nuestra privacidad en aras de protegernos de nosotros mismos procurando ser más efectivos para prevenir masacres al estilo Charlie Hebdo y es justo ahí donde se cruzan las líneas de un dilema aún irresoluto para la humanidad: ¿Es justo ceder nuestra privacidad a cambio de protección? Al respecto una lapidaria frase reza: “Aquel que cede su libertad a cambio de protección, no merece ninguna de las dos”.

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